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“EN EL PRINCIPIO ESTÁ EL AMOR”

Queridos amigos de ADMA,

Comenzamos un nuevo año pastoral y nos gustaría recorrer junto a vosotros un hermoso camino de crecimiento espiritual acompañados por María. Al iniciar un viaje es importante saber a dónde queremos llegar para encaminar nuestros pasos y así no perder tiempo y energía.

Este año hemos pensado empezar por el principio y preguntarnos de dónde viene nuestro deseo de crecer, por qué está ese deseo de Dios en nosotros.

San Francisco de Sales, en el último capítulo de su libro Teótimo, comparte una hermosa reflexión acerca nuestro deseo del amor de Dios, porque de eso podemos estar seguros, convencidos. Dice así:


“Teótimo, el saber si amamos a Dios sobre todas las cosas no está en nuestra potestad, si el mismo Dios no nos lo revela; pero podemos saber muy bien si deseamos amarle; y cuando sentimos en nosotros el deseo del amor sagrado, sabemos que comenzamos a amar. El deseo de amar y el amor dependen de la misma voluntad; por lo cual, en seguida que hemos formado el deseo de amar, comenzamos ya a tener amor; y, según este deseo va creciendo, va aumentando también el amor. Quien desee ardientemente el amor, pronto amará con ardor. ¿Quién nos concederá la gracia, oh Dios mío de que nos abrasemos en este deseo, que es el deseo de los pobres y la preparación de su corazón, que Dios escucha con agrado?.


El que no está seguro de que ama a Dios es pobre, y, si desea amarle, es mendigo, pero mendigo con aquella feliz mendicidad de la cual dijo el Salvador: Bienaventurados los mendigos de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. El que desea de verdad el amor, de verdad lo busca; el que de verdad lo busca, lo encuentra; el que lo encuentra, ha encontrado la fuente de vida, de la cual sacará la salud del Señor.


Clamemos, oh Teótimo, noche y día: Ven, oh Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor."


Que lindo iniciar con este deseo que nos ayuda a purificar nuestros corazones de otros deseos, a meter en el centro lo que es realmente más importante para nuestra vida: amar, sentirnos amados por Dios como Padre, como Salvador y Redentor de cada uno de nosotros. Cuando el amor dirige nuestros pasos, toda nuestra vida es guiada por el Espíritu Santo.


María deseó el amor de Dios de tal manera que se convirtió, por voluntad del Padre, en Madre del Hijo, con la fuerza del Espíritu Santo. María nos acompaña en el viaje de este año y nos muestra el camino. La "humilde sierva" se convierte para nosotros en maestra del amor.


Queridos amigos, recemos a María y pidamos su intercesión para convertirnos en sus discípulos en su escuela de oración, humildad y deseo del amor de Dios.


Renato Valera, Presidente de ADMA Primaria.

Alejandro Guevara, Animador Espiritual de ADMA Primaria.

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