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San Francisco de Sales y el acompañamiento espiritual



Uno de los aspectos que han hecho famoso a San Francisco de Sales es el acompañamiento espiritual. Los temas de este acompañamiento y, sobre todo, las modalidades se recogen en tres de sus escritos: la Filotea, las Cartas y los Entretenimientos espirituales.


Cuando se hallaba en París, con los Jesuitas, entre los 18 y los 20 años tuvo una experiencia de acompañamiento que podemos definir “hazlo tú mismo”. Una experiencia traumática porque la llevó a cabo en total autonomía, siguiendo escrupulosamente un texto jesuita titulado “El Libro de la Compañía”.


Cuando llevaba un tiempo leyendo este libro, se encuentra desorientado y desgarrado, en medio de escrúpulos y perfeccionismos. Finalmente decide abandonar esta cadena cuando descubre que lo que debe guiarnos es: el amor confiado en Dios y la ayuda de un guía sabio. Todo esto para poder verse en armonía, porque se siete definitivamente amado.


El marco que estamos considerando nos llevan a Annecy, a la casa de las “Gallerías”- la Galería donde la experiencia de la orden que fundara San Francisco mueve sus primerísimos pasos.


En el patio, el santo Obispo reunió a sus primeras discípulas, entre ellas Juana de Chantal, y mediante conversaciones de estilo muy familiar, sin dejar de ser riguroso, las formó en la entrega total al Señor. Estas intervenciones suyas, de padre y hermano, las encontramos recogidas en la obra Conversaciones Espirituales e inmediatamente disfrutamos de una pequeña parte de ellas:


“Ahora me preguntaréis de qué se ocupa interiorente un alma que se abandona totalmente en manos de Dios: no hace nada, solo quedarse con nuestro Señor en santa ociosidad, sin preocuparse de nada, ni de su propio cuerpo, ni de su alma. De hecho, desde el momento que se embarca bajo la Providencia de Dios, ¿por qué debería pensar en lo que será de ella? Sin embargo, no quiero decir que no sea necesario pensar en las cosas a las que estáis obligadas, cada una según su tarea. Por ejemplo, si a una hermana se le ha confiado el cuidado del jardín, no tiene que decir: no quiero pensar en eso; nuestro Señor proveerá. Del mismo modo, una superiora o una maestra de novicias no tiene que decir: me he abandonado a Dios y descanso en su solicitud. Y con este pretexto descuidáis leer y aprender las enseñanzas propias del ejercicio de vuestro servicio.”


En el acompañamiento espiritual Francisco es muy cercano, muy sensible y delicado, pero es igualmente claro al proponer recorridos de santidad.


En la Filotea, al final de la primera parte, por tanto sustancialmente al comienzo de este camino, encontramos este texto emblemático, intenso y decidido, que nos invita a tomar muy en serio nuestro bautismo.


“Quiero convertirme a Dios bueno y piadoso, deseo, propongo, elijo y decido irrevocablemente servirlo y amarlo ahora y por la eternidad. A este fin le encomiendo, dedico y consagro mi espíritu, con todas sus facultades; mi alma, con todas sus potencias; mi corazón, con todos sus afectos; mi cuerpo, con todos sus sentidos. Protesto que ya no quiero en modo alguno abusar de ninguna parte de mi ser contra su divina voluntad y su soberana majestad. Me sacrifico a ella y me inmolo en espíritu, para ser para siempre una criatura leal, obediente y fiel con ella, sin querer cambiar de opinión ni arrepentirme... Oh Señor, tú eres mi Dios, el Dios de mi corazón, de mi alma, el Dios de mi espíritu; como tal te reconozco y te adoro por toda la eternidad. Viva Jesús.”


Ciertamente muy claro y determinado. Parece una declaración de guerra el texto que hemos escuchado; y sin embargo es muy delicado: delicado en aceptar historias personales, delicado en corregir accesos y también en sostener cansancios. Él mismo dirá que en cada jardín hay hierbas y flores que requieren una atención especial.


“Despertad frecuentemente en vosotros el espíritu de alegría y de suavidad, este es el verdadero espíritu de devoción, y si a veces os sentis atacada por el espíritu opuesto de la tristeza y de la amargura, arroja violentamente tu corazón a Dios y encomiéndalo a Él. Salid a caminar, leed uno de los libros que más os gustan”.


Una pequeña aclaración, que sin embargo es una clave de lectura de su estilo, procede de un profundo conocedor y biógrafo de Francisco: el jesuita Andrés Ravier. Durante nuestro trabajo nos ha impresionado una ley fundamental, esencial de la correspondencia de Francisco de Sales. Para él no hay dirección espiritual si no hay amistad, es decir, intercambio, comunicación, influencia recíproca.


Por supuesto, nunca renuncia a la autoridad que debe tener como obispo, confesor y consejero, pero esta autoridad sigue siendo siempre muy humilde, muy humana y, me atrevo a decir, muy tierna. Sabe que sólo Dios actúa en el corazón del hombre de la mujer y que sólo el espíritu da eficacia a las palabras del pastor. Camina un paso tras otro. Busca, pregunta, sufre, espera y reza, y solo se siente plenamente a gusto cuando forma un solo corazón, una sola alma y un solo espíritu con su correspondiente.


Tratemos de recordar y sintetizar algunos rasgos esenciales de su acompañamiento.


En primer lugar la atención a la situación personal del alma que se encuentra delante; a su estado de vida, a la condición de salud y a los deseos profundos que Dios hace madurar en ella o en él para atraerlos hacia sí.


Al comienzo de la Filotea, en el tercer capítulo de la primera parte, Francisco conjuga, con mucha simplicidad, santidad cristiana y condición existencial.


La vida cristiana debe ser vivida de manera diferente por el caballero, por el artesano, por el sirviente, por el príncipe, por la viuda, por la soltera, por la esposa. Pero no basta: el ejercicio de la devoción debe ser proporcionado a las fuerzas, ocupaciones y deberes de cada uno. Cualquier tipo de piedra preciosa, sumergida en miel se vuelve más brillante, cada una según su propio color. Lo mismo sucede con los cristianos: todos se vuelven más cordiales y solidarios en su vocación si van acompañados de devoción. El cuidado de la familia se vuelve sereno, el amor entre marido y mujer más sincero, el servicio del príncipe más fiel, todas las ocupaciones más dulces y placenteras.


La oración y la meditación son ciertamente dos ayudas esenciales en el camino del acompañamiento que propone Francisco. Una pizca de método y mucha concreción son las otras ayudas.


Filotea, debes llevar contigo sobre todo los propósitos y decisiones tomadas para ponerlas en práctica inmediatamente durante todo el día.

Este es el fruto irrenunciable de la meditación. Si falta, la meditación no solo es inútil, sino muchas veces también dañina, porque las virtudes meditadas, pero no practicadas, inflan el espíritu de presunción y acabamos creyendo que somos lo que nos habíamos propuesto ser: seremos capaces de llegar a ser como nos hemos propuesto ser solo cuando los propósitos estén llenos de vida y sean solidos; no cuando son débiles e inconsistentes y por lo tanto están destinados a no ser puestos en práctica.


En sus escritos Francisco nos invita a no escapar de nuestra condición de vida. Esta es nuestra primera responsabilidad y no hay que vivirla superficialmente. A Madame de Brulard, esposa del presidente del Parlamento de Borgoña, escribe:


“Somos los que somos... Somos lo que Dios quiere. El mal de los males es querer siempre ser lo que no podemos ser y no queremos ser lo que no podemos dejar de ser. No se debe sembrar en el campo de nuestro vecino; no desees ser lo que no eres, sino desear ser bien lo que eres. ¿De qué sirve construir castillos en España si vamos a vivir en Francia? Debemos florecer donde Dios nos ha plantado”.

“Florecer donde Dios nos ha plantado“, abandonándonos al “bon plasir de Dieu”, como Dios quiere”.


Para Francisco es la regla suprema. Es donde él vive; y así educa a los laicos y a los consagrados. Todo esto, sin embargo, con un color particular: hacer “todo por amor y nada por fuerza;” espléndida enseñanza salesiana, y esta parte de la carta nos lo explica:


“Después de haber pedido el amor a Dios hay que pedir el amor al prójimo. Os aconsejo que visitéis de vez en cuando los hospitales, consoléis a los enfermos, toquéis sus enfermedades y oréis por ellos, prestando asistencia. Todo esto, cuidando que vuestro esposo, vuestros sirvientes y vuestros parientes no sientan pena si os quedáis en la iglesia por mucho tiempo o si descuidáis la casa.


No solo debéis ser devota y amar la devoción, sino que debéis hacerla amable a todos y la haréis amable si la hacéis útil y agradable. Los enfermos amarán tu devoción si encuentran consuelo en vuestra caridad; vuestra familia os reconocerá como más atenta por su bien, más amable en las correcciones, etc.; vuestro marido, si ve que, cuanto más crece vuestra devoción, más cordial seréis con él y más dulce en el afecto que le daréis; vuestros parientes y amigos si ven en vosotras mayor franqueza y tolerancia y condescendencia a sus deseos que no sean contrarios a Dios. En resumen, debéis hacer atractiva vuestra devoción”.


Concluimos este pequeño paseo en la capilla de la “Galerías”. Era un pequeño sótano que Francisco transformará en una capilla para sus monjas y para quienes quisieran entrar a orar. De hecho, tiene una entrada que da directamente al exterior. Por esta misma puerta salieron las primeras monjas a visitar a los pobres y enfermos. Ambiente sagrado que nos lleva a Dios, protagonista de nuestros caminos de fe y de amor.


Don Michele Molinar

Fonte: InfoANS.

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