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Un camino de 150 años


El Papa san Juan Pablo II ha subrayado que Don Bosco es “promotor de una especial devoción a María Auxiliadora de los Cristianos y Madre de la Iglesia (…); es, de manera eminente, el ejemplar de un amor preferencial por los jóvenes, en especial por los más necesitados.


Nuestro amado fundador ha respondido a la llamada de Dios para dar origen a nuevas formas de apostolado. Y así, exactamente diez años después del nacimiento de la Congregación salesiana, el 18 de abril de 1869, fundó la Asociación de María Auxiliadora.

Son muy interesantes las palabras que Don Bosco escribe: “María ha continuado desde el cielo y con el mayor éxito, la misión de Madre de la Iglesia y Auxiliadora de los Cristianos que había comenzado ya en la tierra”. Nos habla de una madre presente, viva, en medio de nosotros que continúa en el tiempo la misión maternal y mediadora de gracia para todos sus hijos.


Don Bosco ha vivido su vida y ha llevado a término su obra con la certeza de la presencia “personal” cotidiana y concreta de María.

Muchas veces ha afirmado que Ella es la “fundadora” y “sostenedora” de la Congregación salesiana.


El Rector Mayor al describir la consciencia de Don Bosco de ser instrumento de Dios con la mediación de María, nos ofrece algunos rasgos del camino de fe vivido por él mismo.


En 1862 Don Bosco siente la necesidad de tener una iglesia más espaciosa porque la originaria de San Francisco de Sales era demasiado pequeña para los Salesianos y los muchachos de Valdocco; en ese mismo año, el encuentro con Madre Mazzarello representa el comienzo de la ampliación del carisma salesiano al mundo femenino y, sucesivamente, nacerán ADMA y los Cooperadores salesianos.

Con la construcción de la Basílica, Don Bosco experimenta la presencia eficaz de María que, a pesar de las condiciones adversas se construye “su casa”.


Conmueve leer el relato de estos acontecimientos: Don Bosco, como buen piamontés, se había asegurado el compromiso financiero de algunas personas influyentes que, como sucede con frecuencia, no hacen honor a las promesas hechas. También en esas circunstancias Don Bosco fue dejado solo, pero desde ese momento, solo las ofertas espontáneas de los fieles han hecho posible algo que era inimaginable.


Don Egidio Viganò, séptimo sucesor de Don Bosco, sintetiza:

“Desde la existencia de este santuario en adelante la Auxiliadora es la expresión mariana que caracterizará siempre el espíritu y el apostolado de Don Bosco; su vocación apostólica aparecerá toda ella como obra de María Auxiliadora, y sus diversas y grandes iniciativas, particularmente la Sociedad de San Francisco de Sales, el Instituto de las FMA y la gran Familia Salesiana, serán consideradas por él como fundaciones queridas y protegidas por la Auxiliadora”.


Andrea e María Adele Damiani


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