El Rosario nos conduce a la Eucaristía
7 octobre 2026
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La Ave María que se repite en el Santo Rosario es un acto de amor. ¿Acaso no es propio del amor repetir sin cansarse: “Te quiero”? Un acto de amor que, en los granos de la corona, como bien se ve en el cuadro mariano de este Santuario, nos lleva de vuelta a Jesús y nos conduce a la Eucaristía, “fuente y culmen de toda la vida cristiana”. De ello estaba convencido san Bartolo Longo cuando escribía: “La Eucaristía es el Rosario viviente, y todos los misterios se encuentran en el Santo Sacramento de manera activa y vital”. Tenía razón. En la Eucaristía se encuentran todos los misterios de la vida de Cristo, por así decirlo, concentrados en el memorial de su sacrificio y en su presencia real. El Rosario tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico. Si la Liturgia de las Horas marca los tiempos de la alabanza de la Iglesia, el Rosario marca el ritmo de nuestra vida, llevándola continuamente a Jesús y a la Eucaristía.
León XIV