"María, te doy mi corazón, ¡que sea siempre tuyo!" Santo Domingo Savio

4 maggio 2022

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Domingo Savio tenía una profunda devoción por la Virgen, a la que amaba con un amor sincero y filial. Con estas sencillas palabras: "María, te doy mi corazón, que sea siempre tuyo", se consagró a María en diciembre de 1854 (cuando el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción).

 

En 1856, con la aprobación de Don Bosco, fundó la "Compañía de la Inmaculada", tanto para honrar el culto a la Virgen como para ayudar a tantas almas a salvarse. El propósito con el que se fundó la sociedad era asegurar la protección de la Inmaculada Concepción persiguiendo dos objetivos principales: ejercer y promover prácticas de piedad y caridad en nombre de María y confesarse a menudo.

 

Los miembros, además de llevar devotamente una medalla, debían tener "una confianza sincera, filial e ilimitada en María, una singular ternura hacia ella, una devoción constante" y debían ser "cariñosos con el prójimo y exactos en todo".

 

Por último, aconsejó a todos los hermanos adheridos a la Compañía "que escribieran los Santos Nombres de Jesús y María primero en su corazón y en su mente, y luego en los libros y en los objetos que pudieran caer bajo la mirada."

 

En la Compañía, cada miembro tenía que cuidar de los "clientes" que, en su lenguaje secreto, eran los chicos (revoltosos o fácilmente insultables) de los que cada miembro tenía que convertirse en un ángel de la guarda hasta que pudiera encaminarlos por el buen camino.

Cuando tenía casi quince años, en marzo de 1957, nueve meses después de fundar la Compañía, Domingo murió, dejando una gran lección para los jóvenes de todos los tiempos: estar en grupo es sobre todo ayudarse a ser buenos cristianos.

 

Don Bosco, poco después de la muerte de Domingo, le preguntó al joven en un sueño qué era lo que más le reconfortaba en el momento de su muerte, y él respondió: "La ayuda de la Virgen".

 

Invoquemos la intercesión de este pequeño gran santo pidiéndole el don de su confianza en nuestra Madre Celestial:

Angelico Domenico Savio

que en la escuela de San Juan Bosco

aprendió a caminar por los senderos de la santidad juvenil,

ayúdanos a imitar tu amor por Jesús,

tu devoción a María, tu celo por las almas;

y hacernos también a nosotros, proponiendo morir antes que pecar,

podemos obtener nuestra salvación eterna. Amén.