FORMACIĆN DE ASPIRANTES ADMA
- 21 jun 2023
- 4 Min. de lectura
7. LOS LAICOS PARTICIPAMOS EN LA ASOCIACIĆN
El sĆ©ptimo capĆtulo del itinerario formativo que ADMA Primaria de TurĆn Valdocco propone a los aspirantes, hace referencia a los artĆculos 10 y 11 del Reglamento, y trata de la participación activa y corresponsable de cada uno en la vida de la Asociación.
La Asociación vive del compromiso e implicación de cada socio: es necesario querer vivir concretamente la adhesión a ADMA, sentirla como cosa propia, con una participación activa en todas sus expresiones. La llamada a formar parte de ADMA exige una respuesta libre y motivada, madurada bajo la acción del EspĆritu y con la ayuda de MarĆa Auxiliadora, con el acompaƱamiento de los responsables. Cada uno estĆ” llamado a participar con espĆritu de comunión y colaboración en las reuniones y diversas actividades y a ofrecer la propia disponibilidad en los compromisos y responsabilidades a las que estĆ” llamado.
Todos los bautizados católicos, con al menos 18 aƱos, pueden pedir pertenecer a la Asociación. Cada Grupo local pone especial cuidado en acompaƱar a aquellos que pueden estar llamados a formar parte de ADMA. El itinerario de formación debe seguirse de modo especial, para que la adhesión no sea algo formal o superficial, sino convencida y querida. El aƱo de preparación exigido, sea vivido con intensidad y fidelidad, en el conocimiento del espĆritu y del Reglamento, cultivando este camino como respuesta personal y responsable a un don y a una llamada de MarĆa Auxiliadora. La manifestación de la adhesión a ADMA, durante una celebración en honor de MarĆa Auxiliadora, es sólo el inicio de un camino: se requiere el empeƱo constante, expresión de una opción de vida en el espĆritu y en la misión salesiana.

La asociación local se preocupa de la formación permanente de los socios y organiza localmente actividades e iniciativas en sintonĆa con el Reglamento. Alimentando el sentido de pertenencia y estimulando el compromiso espiritual y apostólico de cada uno. Todo socio, a su vez, contribuye a las necesidades de la propia Asociación.
A lo largo del aƱo se proponen diversos momentos fuertes de pertenencia, abiertos a todos: encuentros mensuales de formación doctrinal, de celebración o adoración eucarĆstica, posiblemente el 24 de cada mes dĆa de la conmemoración de MarĆa Auxiliadora; una jornada mariana anual; la participación en momentos de celebración o encuentro de la Familia Salesiana; ejercicios espirituales; procesiones, peregrinaciones, dĆas de retiro, y otros encuentros segĆŗn la programación local.
Cada encuentro tenga tres caracterĆsticas:
1) Encuentro de fraternidad, mediante momentos de comunión, de intercambio, de comunicación:
2) Encuentro de crecimiento en la fe, mediante el itinerario de formación;
3) Encuentro de oración eucarĆstico-mariana con la celebración eucarĆstica, la Adoración al SSmo. Sacramento y el rezo del Rosario.
Precisamente por el carĆ”cter popular de la Asociación, todo encuentro estĆ” abierto a todo aquel que quiera participar. Este hecho subraya tambiĆ©n el valor de ser ālevaduraā, sobre todo para quien desea abrirse a una experiencia de fe mĆ”s cuidada o para quien estĆ” buscando el sentido de la vida.
La prÔctica anual de los Ejercicios Espirituales constituye un momento fuerte de renovación, favoreciendo la escucha y la mediación de la Palabra, la purificación del corazón y el discernimiento espiritual.
Un aspecto muy importante de ADMA es que es una Asociación de laicos.
El Reglamento de ADMA, presenta en el ApĆ©ndice algunos criterios que Juan Pablo II seƱaló a todas las agregaciones de laicos para ser, a todos los efectos, partĆcipes de la comunión y de la misión de la Iglesia. En sĆntesis, son los siguientes:
· El primado de la vocación de todo cristiano a la santidad:
· La responsabilidad de confesar la fe católica, acogiendo y proclamando la verdad sobre Cristo, en obediencia a la Iglesia;
Ā· El testimonio de una comunión sólida y convencida, en relación filial con el Papa y con el Obispo de la iglesia particular, en la āestima mutua de todas las formas de apostolado de la Iglesiaā;
Ā· La conformidad y la participación en el fin apostólico de la Iglesia, o sea, āla evangelización y la santificación de los hombres y la formación cristiana de su concienciaā;
Ā· El compromiso de una presencia en la sociedad humana que, a la luz de la doctrina social de la Iglesia, se ponga al servicio de la dignidad integral del hombre.
La adhesión a estos criterios de clesialidad produce frutos concretos que acompaƱan a la vida y a las obras de las diversa formas asociativas: el gusto renovado por la oración, la contemplación, la vida litĆŗrgica y sacramental, la animación para el florecimiento de las vocaciones, la disponibilidad de participar en los programas y actividades de la Iglesia; el compromiso catequĆstico y la capacidad pedagógica en formar a los cristianos, el impulso a una presencia cristiana en los diversos ambientes de la vida social y la creación y animación de obras caritativas, culturales y espirituales; el espĆritu de desasimiento y de pobreza evangĆ©lica para una, cada vez mĆ”s generosa caridad, con todos; la conversión a la vida cristiana o la vuelta a la comunión de bautizados ālejanosā.
Este reclamo a la laicidad de la asociación, hay que considerarlo en todos los niveles, especialmente a nivel local. En efecto, por una parte, sigue existiendo una tendencia a identificar a la Iglesia con la jerarquĆa, olvidando la comĆŗn responsabilidad y misión del Pueblo de Dios. Por otra, persiste tambiĆ©n la tendencia a concebir al Pueblo de Dios segĆŗn una idea puramente sociológica o polĆtica, olvidando la especificidad de este pueblo, que solo serĆ” tal en la comunión con Cristo.
Es necesario que en respeto a las vocaciones y a los roles de los consagrados y de los laicos, se promueva gradualmente la corresponsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Esto exige un cambio de mentalidad, particularmente respecto a los laicos, reconociĆ©ndoles no sólo como ācolaboradoresā, sino realmente como ācorresponsablesā del ser y del obrar de la Iglesia, de modo que se favorezca y consolide un laicado maduro y comprometido. La primera responsabilidad de la Asociación es pues, de los mismos miembros de ADMA. Ellos serĆ”n los protagonistas de una animación cualificada y eficaz que les ayudarĆ” a desarrollar plenamente su vocación laical
Gian Luca y Mariangela Spesso