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MARÍA, MUJER DE ESPERA Y CONFIANZA

Queridos amigos y amigas de ADMA:

Hace poco que hemos terminado el año litúrgico y ya nos vemos inmersos en este tiempo de Adviento que nos prepara a acoger el misterio de un Dios que se hace hombre, que viene a la tierra no tanto para liberarnos de lo que vivimos, sino sobre todo para no dejarno solos en lo que vivimos, para ser partícipes de nuestra vida y de nuestra humanidad, de nuestras alegrías y de nuestros sufrimientos.


Es un tiempo de espera de la venida de Jesús luz del mundo, que no queremos vivir distraídos o enredados en las cosas de este mundo, ni mucho menos, tristes y descorazonados, sino atentos a las cosas de allá arriba, con la mirada en el cielo fijos en nuestra Estrella. ¡Y quién mejor que María puede ayudarnos a vivir bien este tiempo! Hace un año precisamente, el papa Francisco, nos invitaba, a vivir el tiempo de Adviento como María después del anuncio del Ángel.


María es la mujer de la espera por excelencia, en ella la espera es incondicional, más allá de toda lógica humana, es una espera atemporal porque es la espera de Dios y de su designio de amor. Pero su espera es también participativa, es una espera llena de oración, escucha y discernimiento. Todo lo que vive y le sucede, por muy extraordinario que sea, no sucede sin su consentimiento, es siempre su “Sí” lo que abre a la confianza total en Dios, sobre el que se funda el milagro de amor del nacimiento del Salvador.


Y María es también una mujer de esperanza, porque se abre a la promesa de Dios sin ninguna certeza humana y esperando que el Espíritu actúe en ella y le muestre el camino paso a paso. María es una mujer de esperanza porque se deja transformar a pesar de las dificultades, los riesgos, los miedos. Como nos recuerda el Papa Francisco:


“La Virgen no se quedó en casa paralizada por las preocupaciones, sumida en los problemas, no se hundió en la autocompasión ni en el miedo a las incomprensiones o a los severos castigos, como la lapidación, a los que la exponía su inesperado embarazo, sino que se puso en marcha para compartir con su prima Isabel la alegría que llevaba en su corazón.”


Sigue adelante con esperanza, sin agitación ni ansiedad, en la espera de un Dios que siempre da el primer paso. Esta es la actitud de María que también nosotros, miembros de ADMA, queremos imitar en este Adviento, para que la espera no sea estéril ni pasiva, sino fecunda y repleta de actos de amor, sabiendo que “el primer acto de caridad con el prójimo es ofrecerle un rostro sereno y sonriente”, como el de Bartolomé Garelli que vio Don Bosco el día de la fiesta de la Inmaculada en el oratorio de la iglesia de san Francisco de Asís de Turín: una mirada llena de afecto y de familiaridad, que con el rezo de un simple “Avemaría” ha eliminado toda distancia y ha permitido que Jesús naciera, una vez más, en el corazón del hombre.


Renato Valera,

Presidente de ADMA Primaria.

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