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MARÍA EN PENTECOSTÉS: MADRE PRESENTE EN EL NACIMIENTO DE LA IGLESIA

Pentecostés es uno de los momentos centrales de la vida de la Iglesia. El Espíritu Santo, prometida por Jesús, desciende sobre los apóstoles y los transforma en testigos valientes del Evangelio. Ese día marca el inicio de la misión evangelizadora y la apertura de la Iglesia al mundo. Sin embargo, a menudo olvidamos un detalle fundamental: María estaba allí.


La presencia de María en el Cenáculo no es un elemento secundario. Es una clave para comprender cómo actúa Dios en la historia de la salvación. Así como el Espíritu Santo descendió sobre ella en la Anunciación para hacer posible la Encarnación del Hijo de Dios, ahora el mismo Espíritu desciende sobre la comunidad cristiana reunida en oración, con María en el centro. Ella no sólo es la madre biológica de Jesús, sino que participa activamente en el nacimiento de la Iglesia, Cuerpo de Cristo.


María no predica ni ocupa el primer lugar. Su papel es más profundo: sostiene la fe, fortalece la esperanza, alimenta la unidad. Está con los apóstoles como madre y como creyente. Su fe firme, su apertura al plan de Dios y su presencia orante crean las condiciones espirituales para que el Espíritu Santo actúe plenamente. Su maternidad se extiende ahora a toda la Iglesia.


En la espiritualidad de María Auxiliadora, esta verdad adquiere un significado especial.

Llamamos a María "Auxilio de los cristianos" no sólo porque protege y ayuda en los momentos de dificultad, sino también porque acompaña y sostiene la vida de la Iglesia desde el principio. En Pentecostés la vemos como la primera que espera en la fe, la que no se aparta del camino, la que permanece junto a los discípulos cuando todo parece incierto.


En tiempos de confusión, cambio o búsqueda de sentido, la actitud de María en Pentecostés tiene mucho que enseñarnos. Ella no se desanima ni se anticipa a los tiempos. Sabe esperar. Reza. Se queda. Ella nos muestra que la acción del Espíritu no se impone por la fuerza, sino que se acoge con un corazón dispuesto.


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Como Asociación de María Auxiliadora, estamos llamados a vivir esta misma actitud: confiar, rezar y trabajar en comunión con la Iglesia, sabiendo que el Espíritu Santo sigue actuando hoy, como en Pentecostés. Y que María, como entonces, está todavía presente, ayudándonos a acoger este don.


En este mes de junio, pidamos a María que nos enseñe a acoger al Espíritu con docilidad y valentía. Que Ella nos ayude a ser una Iglesia misionera, unida y abierta a lo que Dios quiere realizar en este tiempo.


Don Gabriel Cruz Trejo SDB, Animador espiritual ADMA Valdocco

Giuseppe Tufano, Presidente de ADMA Valdocco

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