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NOS COMPROMETEMOS A...


El cuarto capítulo del itinerario formativo propuesto por ADMA Primaria de Turín-Valdocco, hace referencia al art. 4 del Reglamento que trata del compromiso personal de los socios.


Quien entra a formar parte de la Asociación acepta la llamada a vivir la vida cristiana según la espiritualidad salesiana, elige basar su propia vida en Jesús Eucaristía y en María Auxiliadora, y con esta opción se compromete a vivir un estilo de vida que proyecta en la familia, en el trabajo, en las relaciones eclesiales, sociales y de amistad. Es un estilo que tiende a unificar vida y apostolado, por lo que el primer compromiso de cada uno es la participación personal en la vida litúrgica, oraciones y sacramentos, para estar siempre acompañados y sostenidos por la Gracia. En particular, la Eucaristía es el momento privilegiado de encuentro real con el resucitado en la Palabra y en el Pan. En la relación de amor con Jesús comprendemos también la importancia del recurso frecuente al sacramento de la Reconciliación, para experimentar el abrazo misericordioso del Padre que nos sana de todos nuestros pecados y la fuerza para volver a empezar.

Íntimamente relacionado con el compromiso de participar en la vida litúrgica es el de vivir y difundir, según el espíritu de Don Bosco, la devoción a María Auxiliadora, modelo insuperable de unión con Jesús y ayuda admirable para nuestra participación en la vida de Gracia.


Momentos privilegiados para vivir y difundir la popularidad de la devoción a la Auxiliadora, para crear un espíritu de comunión entre todos los grupos esparcidos por el mundo y para pedir las gracias para todas las personas que se confían a nuestra oración, son las prácticas de piedad populares que todo asociado se compromete a renovar, potenciar y vivir: la conmemoración del 24 de cada mes, el Rosario, la novena en preparación a la fiesta de María Auxiliadora, la bendición de María Auxiliadora, las peregrinaciones a santuarios marianos, las procesiones y la colaboración en la vida parroquial.


Entre las diversas prácticas de piedad popular, el Rosario tiene una importancia fundamental, como nos ha enseñado san Juan Pablo II, en su Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae:

“el Rosario de la Virgen María, en la sobriedad de sus elementos, concentra en sí la profundad de todo el mensaje evangélico, del que es casi n compendio. [...] Con él, el pueblo cristiano se introduce en la escuela de María, para dejarse introducir en la contemplación de la belleza del rostro de Cristo y en la experiencia de la profundidad de su amor. [...]. El Rosario nos transporta místicamente junto a María comprometida a seguir el crecimiento humano de Cristo en la casa de Nazaret. Esto le permite educarnos y plasmarnos con la misma solicitud, hasta que Cristo sea formado en nosotros plenamente. Esta acción de María, fundada totalmente en la de Cristo y a ella radicalmente subordinada, en nada impide la unión inmediata de los creyentes con Cristo, sino que la facilita. Es el luminoso principio expresado en el Concilio Vaticano II, que tan fuertemente lo he experimentado en mi propia vida, haciéndolo motivo de mi lema episcopal. Totus tuus. Un lema, como es sabido, inspirado en la doctrina de San Luis Griñón de Confort, que explica así el rol de María en el proceso y conformación con Cristo de cada uno de nosotros: “Toda nuestra perfección consiste en ser conformes, unidos y consagrados a Jesucristo. Por ello la más perfecta de todas las devociones, es sin discusión, la que nos conforma, une y consagra más perfectamente a Cristo, Ahora bien, siendo María la creatura más conforme a Jesucristo, se sigue que, entre todas las devociones, la que consagra y conforma más un alma a Nuestro Señor es la devoción a María, su santa Madre, y que cuanto más un alma se consagre a ella, más consagrada estará a Jesucristo”. En ninguna otra parte como en el Rosario la vida de Cristo y la de María aparecen tan profundamente unidas”.


Formar parte de ADMA compromete a los asociados a imitar a María cultivando en la propia familia un ambiente cristiano de acogida, hospitalidad, escucha, ayuda concreta y disponibilidad generosa.


Se trata del espíritu de familia que quería Don Bosco se viviese también en Valdocco, en la pedagogía propia del Sistema Preventivo.

La imitación de María nos hace partícipes de su solicitud materna por la salvación de los hombres, sobre todo de los jóvenes y de los pobres, en las parroquias de pertenencia, como expresión concreta de comunión con la Iglesia local y manifestación del carisma salesiano en el ambiente en que estamos insertados. El compromiso apostólico y educativo se convierte, además, en compromiso vocacional en rezar y sostener, en la Iglesia y en la Familia Salesiana, las vocaciones laicales, religiosas y ministeriales.

En fin, todo asociado se compromete, a vivir la espiritualidad del cotidiano, con el ejemplo de las actitudes evangélicas de María:

  • Fiat – Abandónate: docilidad a la disponibilidad a la voluntad de Dios;

  • Stabat. Confía, fidelidad y perseverancia en la hora de la prueba y de la cruz;

  • Magnificat – Sonríe. Acción de gracias por las grandes cosas que Dios obra en nosotros.


Sobre el particular observamos que el lema “Abandónate, confía y sonríe” es también el título de la carta del Rector Mayor, don Ángel Fernández Artime, con ocasión del 150 aniversario de fundación de ADMA, en la que se subraya que el compromiso de los socios es precisamente recorrer el camino de santidad en la vida cotidiana: este “itinerario de santificación y apostolado salesiano”, […] es fácil de recorrer y está orientado a una felicidad sin fin. San Francisco de Sales y Don Bosco presentaban la santidad no como un recorrido reservado a unos cuantos privilegiados, sino siempre como na llamada a todos, donde quiera que se encontrase viviendo, y sea cual fuere el estado de vida. […] Ante todo es un camino de santidad para vivir en familia, dando un testimonio positivo, principalmente con la perseverancia en el amor entre los cónyuges, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, entre jóvenes y ancianos. […]

Lo que más fascina en esta llamada a la santidad, es que no se trata de hacer cosas especiales fuera de lo ordinario, sino de permitir seriamente al Espíritu Santo trabajar en el corazón, en lo profundo de lo que somos y experimentamos, continuando llevando adelante el estudio, el trabajo, las relaciones, las amistades, los servicios, los campamentos, los cantos… todo”.


Gian Luca y Mariangela Spesso

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